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Evangelio según san Lucas 19,1-10

- 21:58 El Evangelio

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: "Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: "Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más".

Jesús le contestó: "Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido".

Comentario

Cristo reanima a la comunidad cristiana de Sardes, que apenas si podía vegetar lastimosamente en aquel centro comercial situado a cincuenta kilómetros al sudeste de Tiatira.

La comunidad, externamente, mantiene la fachada, pero en realidad en su interior está muerta en su vida de fe y de amor. La hipocresía es la actitud que más se manifiesta entre los miembros de la comunidad. Por eso el texto hace una llamada a la vigilancia y a un reanimar lo que queda.

Es posible renacer de las cenizas. Es posible no darlo todo como acabado. Hay comunidades que han renacido de su desidia, de su pobreza. Lo importante es no verse muerto antes de tiempo. Muchas veces vemos a personas que le dan por desahuciada y le anuncian su deceso de una manera inminente, sin embargo, se recuperan y viven con más fuerza durante una larga temporada. Con las comunidades cristianas puede pasar lo mismo.

El problema es que nos instalamos en la desidia, en la pasividad, en el nada se puede hacer, en el dejar hacer a sus animadores, estableciendo una serie de tradiciones y ritualismos, y que con el paso del tiempo se ha instalado en la comunidad cristiana una apariencia. Aparentamos estar vivos, sin embargo, nuestra fe y nuestra caridad parecen muertas. Hace falta una inyección de ánimo y esperanza, volver la mirada a Cristo, para identificar qué fue lo que dejamos por el camino.

Hay que saber mirar en la comunidad, para identificar aquellos miembros que no han manchado sus túnicas con la desidia, y reanimarla desde sus orígenes. Siempre queda algo de ti que permanece a la espera, que permanece en la fe y en el amor, hace falta despertar esa parte de ti que permanece dormida para que todo vuelva a renacer.

La salvación de la casa

Zaqueo quiere ver pasar a Jesús, trataba de distinguirlo, pero la multitud se lo impedía. Su baja estatura, su limitación no le permitía poder adivinar el paso de Jesús. Necesita subirse a una higuera para poder vislumbrar de una manera más certera la realidad de la vida, la realidad de una persona.

Porque a veces la gente nos ahoga, la vida nos ahoga, los problemas nos ahogan, y hemos de elevarnos para poderlos distinguir, y solucionarnos. Desde arriba la vida se ve diferente. Los problemas se hacen más pequeños, y a la gente se le ve en su verdad. 


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