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“Ha echado todo lo que tenía para vivir”

Evangelio según san Lucas 21,1-4.

- 21:08 El Evangelio

En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: “Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

Comentario

La celebración de Cristo Rey despierta en mí dos sensaciones. Por una parte, un cosquilleo acelera la prisa con la que hago normalmente las cosas. Y, por otra, deseo tender un puente de domingo a domingo, como si estos días últimos del año litúrgico fueran un puro relleno para preparar el paso siguiente del Adviento, tiempo engullido por la navidad del escaparate. Mi tentación es dedicar el tiempo libre a desempolvar el tomo uno de la Liturgia de las Horas y a preparar la audición del Mesías de Händel. Pero mira por dónde, obligado a pararme ante la Palabra, me sorprende el testigo Juan. Repetidamente reclama atención: Yo, Juan, vi; yo Juan, oí. Nos invita a ver y oír los días de los últimos tiempos. Y yo enredado en esta historia local y alocada. Hoy, Juan, ve a ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabado en la frente el nombre de Jesús, el Cordero y el nombre de su Padre. A través de los ojos de Juan, veo los rostros de los adolescentes con quien comparto la búsqueda de su verdad, y entre ellos a los pocos que ‘llevan con valentía en su frente el nombre de Jesús’. Juan oye un sonido de arpas y de voces que bajaba del cielo. Era la voz de los salvados. En sus labios no se encontró mentira. A través de los oídos de Juan, oigo las voces adolescentes que hablan de sus cosas y aclaran sus medias verdades. Vidas adolescentes paralelas a las de los adultos, unidas en el mismo proceso educativo que culmina con la bendición del Señor para quien vive con manos inocentes, corazón puro, y no confía en los ídolos. También Jesús alza la mirada y ve a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; ve también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas. Unos echan como donativo de lo que les sobraba, y la viuda, en cambio, echa de lo que necesitaba para vivir. Ya lo decían los antiguos: “Nada vale quien nada ama” (Plauto). “Creo que no hay nada difícil para el que ama” Cicerón). Lucas nos hace entrar de inmediato en una situación de vida que nos interpela con todo su dramatismo. J e s ú s n o n o s o f r e c e pautas piadosas, ni actitudes moralizantes casi sedantes, sino que nos ilumina con una luz nueva, para que podamos leer a fondo y con perspectiva, las situaciones históricas en las que vivimos. Jesús ve y elogia a la viuda pobre; ve y no puede dejar de censurar la acción de los ricos. La mirada de Jesús es un juicio emitido sobre la relación distinta que solemos tener con los bienes, con el dinero. Un juicio que siempre resulta difícil de aceptar, que duele, pero que, ilumina perfectamente el gesto solidario y la actitud del corazón de la persona. ¿En qué grupo me sitúo yo? Acojamos la luz y dejémosla iluminar nuestro vivir diario.

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