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Evangelio según San Lucas 3,1-6

- 22:19 El Evangelio

Juan Bautista,  hijo del sacerdote Zacarías, se aleja del centro del poder religioso y político de Jerusalén y se dirige al desierto. Allí, despojado de todo lo superfluo e inconsistente, escucha el llamado de Dios. En el desierto Dios habla al corazón, allí es posible iniciar un proceso de conversión escuchando y discerniendo la voluntad de Dios que  te aleja del pecado, de todo aquello que limita tu libertad y tu capacidad para amar.

Siente el llamado de Dios que conmueve todo su ser, hace tambalear sus estructuras más profundas y lo conecta con la corriente de la  vida, como don que viene de Dios y trasciende aún los deseos y sueños humanos más profundos. En el desierto, Juan no sólo escucha el llamado de Dios que lo envía a preparar los caminos para la venida del Salvador, sino que interpreta los anhelos de cambio de sus conciudadanos, en  especial de los más pobres que sufren el agobio de una sociedad que los excluye y estigmatiza.  

Lucas describe a Juan como un predicador itinerante que, desde el desierto, va por todo el valle del Jordán predicando su mensaje a cuantos se acercan a escucharlo. Predica un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. El bautismo va asociado a la conversión, a la reforma de la vida.

La predicación y el bautismo son un verdadero cumplimiento del oráculo de Isaías: "Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas…. Y todos verán la salvación de Dios". La preparación del camino para la venida del Señor será a través del bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Se trata de cambiar la vida, dejarse transformar por Dios para poder recibirlo y ser parte de la salvación que es para todos.

Conclusión

Este tiempo de Adviento es una oportunidad para convertirnos al Dios de la vida. Es necesario caminar hacia el desierto para escuchar la voz de Dios: ¿Qué quieres de mi Señor? ¿Qué esperas de mi familia? ¿Qué debemos cambiar como sociedad para ser fieles a tu voluntad? El mensaje de Juan el  Bautista que nos invita a preparar el camino para recibir al Señor puede ayudarnos a tomar conciencia de la necesidad que tenemos como pueblo de desandar los caminos del pecado para ser transformados por el amor de Dios que sale a nuestro encuentro. Nuestro pueblo argentino sufre quizás una de las más profundas crisis de valores de toda su historia. El mal se ha apoderado no sólo de los individuos sino además se manifiesta en estructuras de poder, en modos de convivencia, en expresiones de conductas colectivas. Es una buena oportunidad, un tiempo propicio para convertirnos y volver a Dios. La salvación está cerca, no podemos desaprovecharla. Dios nos espera con los brazos abiertos y el corazón encendido de amor. 


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